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Bogotá necesita dos líneas de transmisión eléctrica para evitar riesgos de apagón y garantizar energía hacia 2028

Foto tomada de: Portafolio

A Bogotá se le agota el tiempo para evitar apagón: tiene 15 meses para asegurar dos líneas de energía que necesita

Sector: Energía / Transmisión eléctrica y confiabilidad

El presidente del Grupo Energía Bogotá (GEB), Juan Ricardo Ortega, advirtió que Bogotá y la región central necesitan avanzar en los proyectos Chivor II-Norte 230 kV y Sogamoso-Norte-Nueva Esperanza 500 kV para garantizar el abastecimiento eléctrico hacia 2028. El principal cuello de botella no está en la generación, sino en la capacidad de transmisión.

Bogotá D.C., agosto de 2026. Bogotá y la región central enfrentan una carrera contra el tiempo para asegurar dos líneas de transmisión eléctrica consideradas críticas para evitar riesgos de abastecimiento hacia 2028. La advertencia fue hecha por Juan Ricardo Ortega, presidente del Grupo Energía Bogotá (GEB), quien aseguró que la capital tiene un margen limitado para culminar obras que llevan más de una década de retrasos.

Según el directivo, los proyectos Chivor II-Norte 230 kV y Sogamoso-Norte-Nueva Esperanza 500 kV son fundamentales para transportar energía desde el oriente del país hacia Bogotá, Cundinamarca y otros territorios del centro y oriente. La preocupación no está únicamente en la disponibilidad de generación, sino en la posibilidad real de llevar esa energía a los centros de consumo.

La capacidad instalada en centrales como Chivor y Sogamoso no necesariamente puede aprovecharse plenamente si las líneas de transmisión no están disponibles. En otras palabras, Colombia puede tener energía generada o disponible, pero sin infraestructura de transporte suficiente esa energía no llega donde más se necesita.

Ortega advirtió que, si las obras no avanzan durante los próximos meses, Bogotá podría enfrentar dificultades para garantizar su abastecimiento eléctrico a partir de 2028. El directivo estimó que construir las líneas tomaría máximo 15 meses, siempre que no se presenten nuevos bloqueos, retrasos o interrupciones en la ejecución.

El cuello de botella está en la transmisión

La discusión sobre el riesgo eléctrico de Bogotá no se concentra únicamente en construir nuevas plantas de generación. El problema central señalado por el GEB está en la transmisión: las líneas que deben llevar la energía desde zonas de generación hacia la capital y la región central acumulan años de retrasos.

Una central hidroeléctrica puede tener capacidad para producir energía, pero si no existe una red suficiente para transportarla, esa capacidad queda limitada. Esta situación reduce el margen operativo del sistema y aumenta la vulnerabilidad frente a mantenimientos, contingencias o aumentos de demanda.

En el caso de Bogotá, el crecimiento de la ciudad, la Sabana y los municipios cercanos exige más capacidad de conexión. La demanda residencial, industrial, logística, comercial y tecnológica sigue aumentando, mientras los proyectos de transmisión avanzan más lento de lo requerido.

Chivor II-Norte 230 kV, una obra para el centro y oriente

El primer proyecto clave es Chivor II-Norte 230 kV. De acuerdo con el GEB, esta obra expandirá la red del Sistema de Transmisión Nacional (STN) para mejorar la prestación del servicio en la región Centro y Oriente del país, donde se concentra cerca del 25% de la población colombiana.

Portafolio señala que este proyecto registra un avance cercano al 80% y que la liberación de predios alcanza alrededor del 91%. Este aspecto es decisivo porque la construcción de torres y el posterior tendido de cables dependen de que los terrenos estén disponibles.

El proyecto contempla 367 torres. Cada estructura requiere permisos, acceso al predio, gestión social, condiciones ambientales y coordinación técnica para que la línea pueda avanzar de manera continua y segura.

Predios, torres y tendido de cables

Ortega explicó que las líneas de transmisión funcionan como cables en el aire soportados por torres. Por eso, el avance constructivo depende de una secuencia clara: liberar predios, instalar torres, completar tramos continuos y tender los cables.

Si un predio o un sitio de torre no está disponible, el proyecto puede quedar fragmentado. Aunque existan avances en otros tramos, la línea no puede entrar en operación hasta completar la continuidad necesaria.

Este tipo de obras requiere precisión técnica, pero también gestión social y territorial. La transmisión eléctrica atraviesa municipios, veredas, predios privados, zonas ambientales y comunidades que deben ser atendidas durante el proceso.

Trámites ambientales y reactivación constructiva

El GEB ha señalado que Chivor II-Norte ha enfrentado retrasos asociados a trámites ambientales. La información oficial de junio de 2026 muestra trámites activos ante la ANLA y actividades constructivas reactivadas, incluida intervención de sitios de torre y tendido en algunos tramos.

En mayo de 2026, la ANLA adelantó audiencias públicas relacionadas con modificaciones de licencia ambiental solicitadas para el proyecto, según reseña Portafolio. Estos procesos son necesarios para viabilizar intervenciones en sitios específicos de torre y ajustar el proyecto a requerimientos ambientales.

El reto es que los trámites avancen sin nuevos bloqueos, porque el margen de tiempo disponible es reducido. Para Ortega, ya no hay espacio para seguir aplazando una obra aprobada desde hace más de una década.

Sogamoso-Norte-Nueva Esperanza 500 kV

El segundo proyecto estratégico es Sogamoso-Norte-Nueva Esperanza 500 kV, una infraestructura de mayor tensión destinada a transportar energía desde la central hidroeléctrica de Sogamoso, ubicada en Santander, hacia el centro del país.

Ortega indicó que esta obra registra un avance de alrededor del 66%. El proyecto también ha enfrentado dificultades sociales, ambientales y territoriales, en parte porque comparte algunos municipios o zonas de influencia con otras líneas de transmisión.

La información oficial más reciente del GEB indica que el proyecto Sogamoso 500 kV continúa avanzando en trámites ambientales, modificaciones de licencia, subestaciones y procesos contractuales asociados a sus obras.

Subestaciones Nueva Esperanza, Sogamoso y Norte

El proyecto Sogamoso 500 kV no depende únicamente de la línea. También involucra subestaciones y bahías necesarias para conectar y operar la infraestructura dentro del Sistema de Transmisión Nacional.

De acuerdo con el reporte del GEB de junio de 2026, las bahías Nueva Esperanza y Sogamoso registraban avance general del 14% en subestaciones y 40% en obras civiles. Además, la subestación Norte tenía acta de inicio firmada el 4 de junio.

Estos componentes son esenciales porque permiten recibir, transformar, controlar y despachar la energía transportada por la línea. Sin subestaciones listas, la línea no puede cumplir plenamente su función dentro del sistema.

Demanda condicionada en la Sabana Norte

Uno de los efectos más concretos de los retrasos es la imposibilidad de conectar nueva demanda en la Sabana Norte de Bogotá y Cundinamarca. Según Ortega, proyectos residenciales, data centers, centros logísticos y centros comerciales esperan que estas obras entren en operación para poder conectarse.

El GEB identifica en sus reportes la demanda condicionada de la Sabana Norte de Bogotá como uno de los elementos asociados a estos proyectos de transmisión. Esto significa que parte del crecimiento económico y urbano de la región depende de contar con mayor capacidad eléctrica.

La energía no solo sostiene hogares. También habilita inversión, construcción, comercio, industria, tecnología, transporte eléctrico y servicios urbanos. Si la red no crece, el desarrollo regional puede quedar limitado.

Más de 11 millones de personas dependen de estas obras

Portafolio señala que los dos proyectos son claves para llevar electricidad a más de 11 millones de personas y atender la creciente demanda. La cifra muestra la dimensión social y económica de la infraestructura.

Bogotá, Cundinamarca y zonas del centro y oriente concentran una parte significativa de la población, la actividad económica, la logística, los servicios públicos y la industria nacional. Cualquier restricción eléctrica en esta región tendría efectos amplios.

Por eso, las líneas no se presentan solo como proyectos técnicos, sino como obras estratégicas para seguridad energética, competitividad y calidad de vida.

La urgencia de los 15 meses

Ortega fue enfático en que construir las líneas tomaría máximo 15 meses, pero bajo una condición: que nadie siga deteniendo las obras. Según el presidente del GEB, los proyectos llevan cerca de 12 años enfrentando retrasos y ya no hay más tiempo para nuevas pausas.

El directivo considera que existe una posibilidad real de terminar las obras el próximo año, siempre que los trámites sigan avanzando y se cuente con respaldo institucional del gobierno entrante.

La fecha definitiva dependerá de completar permisos, autorizaciones, acceso a predios, acuerdos territoriales, obras de torres, tendido de cables y subestaciones. Cualquier nuevo bloqueo podría desplazar el cronograma y aumentar el riesgo para 2028.

Licencia social: el otro requisito

Además de las autorizaciones ambientales, el GEB ha tenido que avanzar en lo que Ortega llama licencia social. No se trata de un documento formal, sino de la habilitación práctica para ingresar a los territorios, dialogar con comunidades y ejecutar las obras.

La compañía ha desarrollado proyectos de inversión social y actividades con comunidades ubicadas en las zonas de influencia de los trazados. Según el GEB, en Chivor II-Norte se han adelantado jornadas de educación socioambiental, estrategias de atención comunitaria y proyectos de inversión social.

La licencia social es clave en infraestructura eléctrica porque las líneas atraviesan territorios donde existen preocupaciones ambientales, comunitarias, productivas o prediales. Sin acuerdos territoriales, incluso proyectos aprobados pueden quedar detenidos.

Intereses particulares y bloqueos territoriales

Ortega cuestionó que las líneas lleven más de una década aprobadas sin poder construirse completamente. Según el directivo, algunas objeciones presentadas en nombre del ambiente o las comunidades terminan respondiendo a intereses particulares que frenan el interés general.

La afirmación refleja una tensión frecuente en proyectos de infraestructura: equilibrar la protección ambiental y social con la necesidad de ejecutar obras críticas para millones de usuarios.

El desafío institucional consiste en garantizar participación, derechos comunitarios y control ambiental, sin permitir que procesos indefinidos paralicen infraestructura esencial para la confiabilidad eléctrica.

Guavio aumenta la presión sobre la red

El retraso de las líneas cobra mayor relevancia por los trabajos que deberán realizarse en la central de Guavio. Ortega explicó que los mantenimientos mayores en esa infraestructura aumentan la necesidad de contar con nuevas vías de transmisión que compensen temporalmente la energía que no pueda transportarse desde esa central.

Guavio y Chivor son activos fundamentales para el abastecimiento de la región oriental. Si una de estas fuentes enfrenta mantenimientos o restricciones, la capacidad de traer energía desde otras zonas se vuelve determinante.

Sin las líneas de transmisión disponibles, Bogotá tendría menor margen para responder a contingencias, picos de demanda o indisponibilidades temporales de infraestructura clave.

No basta con producir energía: hay que transportarla

El mensaje del GEB apunta a una realidad central del sistema eléctrico: la generación y la transmisión deben avanzar juntas. Tener capacidad de producción no garantiza abastecimiento si la red no puede transportar la energía hasta los usuarios.

Este problema se ha vuelto más visible en Colombia por retrasos en proyectos de transmisión, nuevas demandas urbanas y dificultades para conectar generación renovable o hidráulica hacia centros de consumo.

La transmisión funciona como la autopista de la energía. Cuando esa autopista está incompleta o congestionada, el sistema pierde eficiencia y aumenta el riesgo de restricciones.

Bogotá, región crítica para el sistema nacional

Bogotá y su área de influencia concentran población, actividad económica, servicios públicos, instituciones nacionales, sistemas de transporte, hospitales, universidades y centros logísticos. Una restricción eléctrica en esta zona tendría impacto nacional.

La demanda seguirá creciendo por urbanización, expansión de la Sabana, nuevos proyectos inmobiliarios, electrificación de procesos, movilidad eléctrica y desarrollo de centros de datos.

Por eso, la infraestructura que alimenta la capital debe anticiparse a la demanda futura y no limitarse a resolver necesidades inmediatas.

Data centers y centros logísticos esperan conexión

Ortega mencionó que data centers, centros logísticos, centros comerciales y proyectos residenciales están a la espera de la entrada en operación de estas obras para poder conectarse.

Los centros de datos son especialmente intensivos en consumo eléctrico. Requieren suministro confiable, redundancia, calidad de energía y capacidad disponible para operar servidores, sistemas de refrigeración y equipos de respaldo.

Si la Sabana Norte no cuenta con capacidad de conexión suficiente, puede perder oportunidades de inversión tecnológica, logística y empresarial frente a otras regiones con redes más preparadas.

Proyectos aprobados desde hace más de una década

Uno de los puntos más críticos de la advertencia es que estas líneas llevan aprobadas hace más de 10 o 12 años. Ese rezago muestra la dificultad del país para convertir planificación eléctrica en infraestructura real.

Las obras de transmisión suelen enfrentar licenciamiento ambiental, consultas, gestión predial, oposición territorial, contratación, permisos municipales y coordinación interinstitucional. Sin embargo, cuando los retrasos superan una década, el riesgo pasa de ser administrativo a convertirse en una amenaza para la confiabilidad.

En un sistema eléctrico que demanda anticipación, perder años en trámites o bloqueos puede obligar a operar con márgenes cada vez más estrechos.

ANLA y modificaciones de licencia ambiental

En el caso de Chivor II-Norte, el GEB reportó en junio de 2026 que una modificación de licencia ambiental para 30 sitios de torre se encontraba suspendida por audiencias públicas, aunque las autoridades requeridas por la ANLA ya habían entregado información para complementar el proceso de evaluación.

Para Sogamoso 500 kV, el reporte de junio de 2026 del GEB indicó que la modificación de licencia ambiental para 163 sitios de torre fue otorgada, aunque no estaba en firme al momento del reporte, mientras otra modificación relacionada con la subestación Norte y 18 sitios de torre ya se encontraba en firme.

Estos detalles muestran que los proyectos avanzan, pero todavía dependen de hitos ambientales y administrativos para completar su viabilidad constructiva.

2028 como horizonte de riesgo

El horizonte señalado por Ortega es 2028. Para entonces, si las líneas no están disponibles, Bogotá podría enfrentar dificultades para garantizar su abastecimiento eléctrico bajo escenarios de crecimiento de demanda, mantenimientos de activos clave o restricciones de transporte.

El riesgo no debe entenderse necesariamente como un apagón inmediato, sino como una menor capacidad de respuesta del sistema frente a contingencias. Cuando la red es insuficiente, cualquier falla o mantenimiento importante puede tener efectos más graves.

Por eso, el plazo de 15 meses es estratégico: permite que las líneas entren antes de que la demanda y los mantenimientos programados presionen más el sistema.

Respaldo institucional del nuevo Gobierno

Ortega afirmó que existe una esperanza creíble y factible de terminar los proyectos el próximo año, siempre que las cosas avancen bien y se cuente con el impulso del nuevo Gobierno.

El respaldo institucional será decisivo para articular entidades ambientales, autoridades locales, comunidades, empresas y organismos del sector eléctrico. Sin coordinación, los proyectos podrían volver a frenarse en alguno de sus frentes críticos.

La entrada de un nuevo Gobierno también abre una ventana para priorizar estas líneas como obras de seguridad energética nacional.

Transmisión eléctrica como prioridad nacional

La advertencia sobre Bogotá se suma a un debate más amplio: Colombia necesita acelerar proyectos de transmisión para que la energía disponible pueda llegar a los centros de consumo y para conectar nueva generación renovable.

En varias regiones, el cuello de botella ya no es únicamente la falta de proyectos de generación, sino la capacidad de red, los puntos de conexión, las subestaciones y los corredores de transmisión.

Si el país no destraba sus líneas estratégicas, puede enfrentar restricciones, demoras en nuevas conexiones, mayores costos y riesgos de confiabilidad en zonas de alta demanda.

Con los proyectos Chivor II-Norte 230 kV y Sogamoso-Norte-Nueva Esperanza 500 kV, Bogotá se juega una parte esencial de su seguridad eléctrica hacia 2028. Las obras permitirían transportar energía desde centrales estratégicas como Chivor y Sogamoso, atender nueva demanda en la Sabana Norte y reducir el riesgo de restricciones. Para el GEB, el mensaje es urgente: después de más de una década de retrasos, la capital ya no tiene margen para seguir aplazando las líneas que necesita.

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